El bienestar también tiene lágrimas

Alcanzar la plenitud se ha puesto de moda, pero ¿de qué tipo de bienestar estamos hablando?

La plenitud no es un término nuevo, hace más de 2000 años, Aristóteles enalteció a la felicidad o plenitud como el fin último de todas las cosas que hace el hombre. En sus reflexiones, determina que las personas suelen buscar el bienestar a través de la riqueza, los honores, la fama o el placer, pero que no se alcanza por ninguna de ellas. Determinó que la felicidad se alcanza por el desarrollo de una serie de virtudes, que requerían del uso de la razón y una constante búsqueda de la verdad, sobre las cosas y uno mismo.

Si un viajero en el tiempo le hubiese dicho a Aristóteles que el bienestar personal se pondría de moda 2000 años más tarde, seguramente habría preguntado qué tipo de bienestar, y tal vez se habría sorprendido al saber que se trata de algo bien distinto de su concepción de felicidad y que al parecer no hemos cambiado mucho en los últimos 2000 años.

El bienestar superficial

Como sociedad, le hemos quitado profundidad a la idea de bienestar para transformarla en algo concreto y vendible. Se ha materializado la idea de bienestar. Hoy, vemos casi a diario la palabra plenitud y suele ir acompañada de fotografías de personas que parecen recién salidas de un SPA, promocionando algún producto, servicio o actividad gubernamental.

La concepción de bienestar de Aristóteles habla de un estado, de una forma de ser, que muchas veces requiere esfuerzo, trabajo, enfrentarse a dilemas éticos complejos. Y como él, varios filósofos de distintas culturas llegaron a conclusiones similares. No tiene que ver con sonreír ni con sentirse contento, sino más bien con un estado de verdad respecto de uno mismo o de fluidez y coherencia con las propias circunstancias, como sería una perspectiva más oriental.

Cuando una persona comienza un proceso de psicoterapia o de consultoría psicológica, no suele salir sonriente de las primeras sesiones, precisamente porque al igual que los médicos, hay que abrir las heridas para poder curarlas, y porque alcanzar la plenitud no es sólo sonreír, es algo mucho más profundo que involucra todo tipo de emociones.

El camino hacia la plenitud

Alcanzar un estado de plenitud no es tanto ir sonriendo por la vida, si no sentirse realizado con uno mismo en las distintas situaciones que nos pone la vida. A veces son situaciones difíciles y muy dolorosas que se ocultan detrás de una sonrisa, pero si  no se enfrentan, se quedan dentro de uno como un conflicto que interfiere con la capacidad de sentirse bien con uno mismo. Por miedo al dolor nos negamos la oportunidad de ser felices.

Se nos habla poco de ese sentido del bienestar, como una capacidad de vivir en profunda armonía con uno mismo. Esto significa aprender a escucharse a uno mismo, respetarse, enfrentarse a los deseos de otros para defender el propio deseo… y generalmente requiere de un proceso, donde la persona puede recibir ayudada de un profesional o alguien con mucha experiencia para ir aprendiendo a vivir de forma más plena.

El bienestar profundo vale más que una sonrisa

Alcanzar ese estado de plenitud no es algo necesariamente fácil ni placentero, pero vale la pena. Es la piedra de base sobre la que se puede construir una vida sustentable.

Hay una similitud entre esto y la situación actual del estado del bienestar europeo. Su discurso fue sobresaliendo sobretodo por un bienestar material, pero que falló en su anhelo más ético y personal, el de educar personas virtuosas. El resultado es que hoy, todo el modelo ha perdido el entusiasmo de sus propios ciudadanos y su credibilidad, debido en gran parte a al individualismo material, la corrupción, e incluso la negación de Derechos Humanos a personas que escapan de situaciones desesperadas.

Del mismo modo, si asociamos bienestar a su sentido menos profundo, asociado a realizar sesiones de masaje, ir a un retiro de yoga o comer sano, no ayudan a alcanzar un verdadero bienestar. Estas actividades ayudan, pero si no se acompañan de un sentido de bienestar más profundo, a la larga no pueden entregar aquello que prometen.

Es importante saber que el camino hacia el bienestar está lleno de sonrisas y también llantos, de esfuerzo y también de descanso. Un cartel de bienestar podría ser tal vez el de alguien que muestra un rostro de lágimas ya secas, con heridas cicatrizadas, o barro en las manos, pero con una mirada profunda de auténtica paz interior.

Foto por Sylvain Reygaerts en Unsplash

 

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