Luchar en balde. Las lecciones de la Hidra de Lerna.

Hay personas que se esfuerzan demasiado y nunca logran lo que quieren, suele dar la impresión de que están obsesionadas en lograr algo que nunca consiguen. Todos podemos caer en este estado, que no es un esfuerzo sano, si no un esfuerzo que desgasta y que limita un verdadero desarrollo de las potencialidades.

Hay una diferencia fundamental entre esforzarse con gusto, porque realmente sientes la ilusión de aquello que estás construyendo, y sacrificarse por lograr algo que nunca llega. El primero es un esfuerzo que vitaliza y que a todos nos gusta, el segundo es siempre cuesta arriba, doloroso y muchas veces nos lleva a ninguna parte.

La mitología griega tiene algo que decir a este respecto a través del mito de Heracles o Hércules, que yo relaciono con un ámbito profundamente terapéutico. Si estás atravesando por esta situación, este artículo te puede servir.

 

La lucha entre Heracles y la Hidra de Lerna.

Heracles es un héroe de la mitología griega a quien, por cosas del destino, debe superar 12 pruebas. El segundo de estos 12 trabajos de Heracles consistíó en matar a la Hidra de Lerna, un monstruo con forma de serpiente y nueve cabezas, que habitaba en el lago Lerna. Heracles llega al lugar acompañado de su sobrino Yolao para enfrentarse a ella.

Cuando entran en combate, por cada cabeza que Heracles lograba cortar a la Hidra, a esta le crecían dos cabezas más. Cuando Heracles se da cuenta que cada esfuerzo por acabar con ella terminaba por empeorar la situación, decidió pedir consejo a su sobrino. Éste tuvo la idea (inspirado por Atenea, diosa de la sabiduría) de que al cortar cada cabeza, tenía que quemar la herida para  que así no pudiesen crecer nuevas cabezas.

Así ocurrió y finalmente Heracles triunfó. Después de matar a la Hidra, Heracles cogió sus flechas y las bañó en el veneno que emanaba de las heridas de la Hidra.

 

La Hidra y el esfuerzo perpetuo.

La Hidra representa aquella situación que queremos cambiar o superar, pero por más que nos esforcemos, no logramos resolverla, más bien la empeoramos. La hacemos crecer y genera más sufrimiento, a nosotros y a veces también a quienes nos rodean.

Voy a trabajar un ejemplo sencillo, entremos en la piel de Daniela, que quiere llegar a ser jefa en su empresa y por más que se quema las pestañas nunca lo consigue. Se esfuerza en hacer las cosas a la perfección, pero quema a sus compañeros de trabajo por sus constantes quejas. Sus compañeros no logran conocerle bien y no confían en ella porque siempre está a la defensiva, y sus jefes la perciben como una persona insegura con pocas facultades de liderazgo. También ha intentado el desarrollo de habilidades sociales, pero no le sale natural y su propia auto-exigencia sabotea sus esfuerzos por estar más relajada y abierta con los demás.

Lleva varios años en su empeño y está cada vez más quemada porque no la nombran jefe, y sus relaciones familiares sufren por su constante frustración e incapacidad de disfrutar con los suyos.

En este caso Daniela es Heracles, que lucha sin cesar por conseguir que la nombren jefa, pero,

¿quién es la Hidra?

Si le preguntas a Daniela probablemente va a decir que son sus jefes, incapaces de ver sus aptitudes, o las estúpidas politicas de Recursos Humanos, o incluso su familia, que no la comprende. Cabezas y cabezas, que parecen duplicarse con cada esfuerzo por superarlas.

Si lo analizamos desde una perspectiva psicológica del individuo, la Hidra revela una gran riqueza de significados y un camino hacia su solución.

 

¿Como vencer a la Hidra interior? Primer paso, mirar hacia adentro.

El primer paso es dejar de ver a la  Hidra como un evento externo, si no como una parte de tu mente. El problema no es eso que quieres conseguir o superar, el problema son tus ansias por conseguirlo, es tu propia actitud.

El mito de la hidra nos da una pista: es un animal en cuyo interior hay veneno, lo cual se puede traducir como dolor o sufrimiento interno. En el caso de Daniela, la Hidra vendría siendo esa parte de su personalidad, que le exige ser jefa a costa de su propio sufrimiento. Esto es lo que tiene que vencer en realidad.

¿Y cómo?

Primero hay que encontrarla, verla. Heracles la encuentra en una cueva junto a un lago, y le arroja flechas de fuego para hacerla salir.

En el simbolismo psicológico, el agua suele representar a las emociones, por lo que podríamos decir que este tipo de conflictos obedece a un dolor emocional que se encuentra oculto (está dentro de una cueva), y las flechas de fuego se pueden interpretar como la luz de la conciencia, el darse cuenta.

Entonces, este mito le está diciendo a Daniela que el primer paso es llevar luz a su mundo emocional para sacar un dolor escondido.

El trabajo emocional en terapia puede tomar mucho tiempo. Los dolores emocionales se esconden por un buen motivo, son auténticos monstruos que nadie quiere despertar porque nos dan miedo. Pero lo cierto es que enfrentarse al miedo siempre termina por ser una mejor opción que vivir aterrorizado.

 

 

Segundo paso, trabajar con las emociones.

El trabajo emocional es muy importante. En el mito, Hera (que odia a Heracles por ser hijo bastardo de su esposo, Zeus), envía un cangrejo para que distraiga y dañe los pies del héroe. En astrología, una ciencia de gran importancia en la antigüedad, el cangrejo es la representación de la constelación de cáncer, signo del zodíaco que está regido por la luna, el astro que rige los ciclos y se le asocia a los cambios emocionales.

El hecho de que el cangrejo ataque los pies del héroe es sumamente clarificador, puesto que nos está diciendo que en la base de todo el conflicto hay una herida emocional.

En el caso de Daniela, sacar la hidra a la luz, sería el darse cuenta de porqué necesita ser jefa para sentirse bien consigo misma. ¿Hay algo malo en ella tal cual es, sin ser jefa? Tal vez el ser jefa es su ilusión de que al conseguirlo, pueda ser una persona valiosa. Podría ser que de niña aprendió que no era una persona querible, y decidió ganarse el afecto siendo alguien de importancia, en su caso una jefa. En el fondo no quiere ser jefa porque le gusta liderar a otros, sino por tapar una herida emocional de su infancia. El día que logre ser jefa seguirá teniendo la misma herida, y buscará nuevos desafíos para sentirse valorada, en una espiral sin fin. Muy similar a las cabezas de la Hidra.

Es interesante notar que el primer trabajo de Heracles es luchar contra el León de Nemea. Leo es el regente del sol, que simboliza el ego, la personalidad de una persona. Se podría decir que no es posible encontrar a la Hidra antes de haberse enfrentado al propio ego y sus corazas, que nos defienden de los traumas infantiles. Pero no quiero desviarte más.

 

Tercer paso: cicatrizar las heridas.

El tercer paso es enfrentarse a ella, o sea cortar cabezas y, lo más importante, cicatrizar las heridas con fuego.

Desde tiempos muy antiguos, las heridas graves se quemaban para lograr su cicatrización, un procedimiento sumamente doloroso pero efectivo. Aquí también hay una gran similitud con las heridas emocionales. Curarlas es un proceso doloroso para el sujeto, y su curación se suele sentir como una cicatrización, una cicatriz que a veces se lleva de por vida.

Una herida emocional se puede curar de muchas formas. A veces el simple hecho de reconocerlas nos genera un insight, una nueva forma de vernos a nosotros mismos y la herida se cierra sola, otras veces toman más tiempo en cerrarse, o tenemos que recurrir a una terapia.

Las heridas emocionales hacen que no nos gustemos a nosotros mismos, como si el hecho de haber sufrido nos hubiese manchado. Cuando una herida se sana, es cuando comprendemos que esa herida no nos hace ser peores ni mejores y podemos continuar viviendo en paz con nosotros mismos, incluso si esa herida nos sigue doliendo.

Cuando se cura una herida emocional, el sujeto experimenta una transformación vital. Cambia la percepción que tiene de las cosas, las interpreta desde otro punto de vista y su conducta cambia. En este sentido, el fuego es una forma muy acertada de entender el proceso, dado su poder para transformar.

Cuando la persona logra “quemar su herida” y transformar su forma de sentir, entonces puede derrotar a la Hidra.

Volviendo al ejemplo de Daniela. Imagina que ella se da cuenta de su necesidad de ser jefa porque quiere sentirse valiosa, y se da cuenta de que ella no se valora a sí misma por diversos motivos. Luego de darse cuenta de esto comienza a trabajar con estas emociones hasta que por fin se da cuenta de que no tiene que demostrar nada a nadie, que ella está bien como está y el no ser jefa no es un verdadero problema en su vida.

Imagina entonces que deja de obsesionarse con el trabajo y disfruta más tiempo con su familia, comienza a hacer algo que siempre quiso y se siente más a gusto. La lucha con la Hidra ha terminado. Tal vez, la terminen nombrando jefa.

Cuarto y último paso, no te olvides del veneno

Una vez que tu lucha haya terminado, no olvides bañar tus flechas en el veneno de tu herida. O como dice el refrán, lo que no te mata te hace más fuerte. Cuando una persona se enfrenta a sus heridas emocionales y logra cerrar bien el proceso, siempre sale fortalecida.

No tiene que ver con sentirse más fuerte sino más comprensiva con su mundo interior. Esa comprensión otorga altura de miras y nuevas herramientas para reaccionar ante las distintas situaciones de la vida, abriendo nuevas posibilidades hacia el futuro.

Es posible que Daniela continúe sintiendo deseos de destacar en el futuro, porque es parte de su carácter. Pero si reconoce estos patrones cada vez que se activan, ya no se dejará llevar por ellos. Será capaz de tranquilizarse y actuar de un modo que ella escoja libremente. Por ejemplo, si ve que un proyecto no va bien, en vez de desesperarse porque eso mermará sus posibilidades de destacar, puede tranquilizarse y analizar posibles soluciones o pedir ayuda a otros (lo cual a su vez puede mejorar sus relaciones de confianza con los demás).

En resumen

Cada vez que te estés enfrentando a una hidra en tu vida, en que intentas algo desesperadamente, pero cada intento duplica el problema, debes detenerte un momento y mirar hacia adentro.

Pregúntate, porqué estás tan empeñado en conseguirlo, ¿es porque realmente te gusta o porque intentas escapar de algo? ¿de qué huyes?, ¿lo haces porque lo necesitas para sentirte bien contigo mism@?  Arroja esas preguntas como Heracles sus flechas de fuego, y verás que una Hidra sale de tu interior.

Si encuentras una herida emocional, no importa lo que sea (que te sientes poc@ valorad@, que te sientes sol@, o que la vida no es justa contigo…), intenta abrazarla, comprenderla, y darte cuenta de que no importa lo que te pase o haya pasado, eres como eres y que si te respetas a ti mism@, puedes encontrar la felicidad, aquí y ahora.

Una vez ahí, podrás ver muchos otros caminos que se te abren, y la batalla habrá terminado.

 

“Un hombre no puede estar cómodo sin su propia aprobación.”

Mark Twain

 

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