¿Pensamos lo que pensamos?

Todos cometemos malos entendidos cuando intentamos interpretar la conducta de nuestra pareja, nuestros amigos, o compañeros de trabajo. Cuando alguien hace o dice algo, nosotros lo interpretamos de acuerdo a nuestras experiencias previas y razonamientos que nos llevan a conclusiones muy equivocadas sobre la realidad. Y cuando tenemos la oportunidad de contrastar nuestras opiniones con los demás, rápidamente nos damos cuenta de esto.

¿Pero ocurre lo mismo cuando se trata de nuestros propias acciones o incluso de nuestros pensamientos?

Richard Nisbett, un gran investigador de los procesos cognitivos, dice que sí. Que nunca somos conscientes del origen de nuestros procesos cognitivos.

Sostiene que la conciencia no es un cristal transparente que ve ‘hechos’, si no que es más bien una máquina de hacer interpretaciones. Recibe miles de millones de estímulos de forma permanente, a los que ordena y da coherencia basada en experiencias anteriores y reglas que transforman las cosas que percibimos en cosas que pueden hacernos sentido.

Cuerdas y explicaciones inventadas

Un ejemplo muy clarificador lo da un experimeto que se realizó en Estados Unidos en los años 30. El experimento consistía en una sala con cuerdas colgando, y se le perdía a los sujetos que las amarrasen entre sí de diferentes formas. Luego de unos 10 minutos, casi siempre quedaba una forma de amarrarlas que el sujeto no lograba descubrir. Cuando esto ocurría, el jefe de la investigación, que estaba siempre deambulando por la sala, balanceaba una de las cuerdas de forma natural y despreocupada, sin llamar la atención del participante. En promedio, 45 segundos más tarde de hacer esto, a los sujetos se les ocurría balancear las cuerdas para que se amarrasen entre sí. Lo interesante es que cuando se les preguntaba cómo se les había ocurrido usar ese método para amarrarlas, los sujetos daban todo tipo de explicaciones que no tenían nada que ver con el estímulo que habían percibido. Muchos decían que justo se les vino la imagen de un mono en una liana, o que de pronto se les vino a la cabeza la imagen de un péndulo, etc.

Por estadística, está claro que estas ideas fueron provocadas gracias a que el investigador movió la cuerda, pero cuando los sujetos tenían que responder a la pregunta de cómo se les ocurrió la idea, estos no fijeron que fue debido a que la otra persona balanceó una de las cuerdas. Posiblemente no se percataron de ese estímulo porque su mente lo procesó inconscientemente, pero como la conciencia necesita siempre tener una respuesta, hecha mano de otras imágenes que le hacen sentido, “de pronto me imaginé un mono colgando, he visto un péndulo…” cosas que probablemente no ocurrieron, pero que la mente crea a la hora de ser interrogada para mantener una coherencia de la experiencia.

Lo mismo nos ocurre con nuestros pensamientos. Vivimos nuestras vidas de acuerdo a nuestros pensamientos y conclusiones, pero al profundizar sobre ellos, no podemos ir más allá para entender la forma en que esos pensamientos fueron construidos.

Liberarse de los pensamientos

De alguna manera, somos esclavos de nuestros porqués, ya que reducen nuestro mundo a las cosas que podemos dar sentido, limitando la posibilidad de abrirnos a otras posibilidades. Por este motivo, pienso que el sentido de una consulta psicológica no está en encontrar un ‘por qué’ que ayude a la persona a entenderse mejor, si no más bien a un darse cuenta.

Un darse cuenta sobre las propias creencias (que suelen estar sustentadas en experiencias emocionales) que definen la forma en que interpretamos el mundo y definen nuestra conducta.Se trata de encontrar una forma de relacionarse con uno mismo y los demás, que no busca explicaciones mentales, si no la simple expresión de las propias creencias, deseos y necesidades, y fortalecer la capacidad de defenderlas y conducirlas de una forma satisfactoria, creativa y eficaz.

En esas creencias, deseos y necesidades se sustenta la mente para crear sus interpretaciones, y el solo hecho de trabajar en ellas, cambia la forma en que se perciben las cosas y nuestro modo de actuar en el mundo.

Bibliografía: https://deepblue.lib.umich.edu/bitstream/handle/2027.42/92167/TellingMoreThanWeCanKnow.pdf

 

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