¿Qué es la personalidad y cómo afecta a la salud mental?

Todos tenemos una personalidad, una forma de ser que nos caracteriza. Lo que a menudo no sabemos es que muchas veces esa personalidad o carácter es la fuente de nuestro sufrimiento psicólogico, ya que nos limita a una determinada manera de ser, impidiendo que seamos más espontáneos y creativos en nuestro día a día.

La palabra personalidad viene del término latín “persona”, término con el que se nombraba a las máscaras que solían utilizar los actores en sus obras de teatro. En el origen de esta palabra, los antiguos asociaban a la personalidad de las personas con algo falso, algo que se actúa de cara al público.

¿Estaban en lo cierto, hay algo falso en la personalidad? Puede ser falsa si entendemos que lo realmente genuino en nosotros está siempre por ser descubierto, ya que nuestro entorno es cambiante y nosotros también deberíamos ir cambiando con él. La personalidad, al ser una serie de rasgos que siempre se repiten en el tiempo, es una rigidización que no nos permite fluir con nuestras circunstancias, más bien nos estanca en patrones que un día funcionaron, pero que hoy pueden estar muy desactualizados.

Puedes entenderlo con tu propio sistema inmunológico. El sistema inmunológico va aprendiendo de los antígenos que entran al organismo y está en constante cambio para defenderse con efectividad. La personalidad es como un sistema inmunológico que no se actualiza, que un día sirvió para alejar los ataques del entorno, pero que hoy en día nos deja indefensos ante las nuevas circunstancias de la vida.

Todos aprendemos y cambiamos con el tiempo, pero hasta un cierto nivel. Existen rasgos más profundos de nuestra personalidad que siempre se mantienen, son esos rasgos los que generalmente condicionan nuestro sufrimiento ya que no nos permiten evolucionar.

Si la personalidad es como el sistema inmunológico, ¿de qué nos defendió la personalidad?

La personalidad nos defendió del gran dolor que causa en las personas el hecho de sentirse separados del mundo, de la naturaleza y su flujo continuo. Un estado en que los niños se encuentran al nacer, y que van perdiendo en el proceso de hacerse adultos. A diferencia del resto de los animales, los seres humanos vamos perdiendo la sintonía con la naturaleza, con los instintos, y esta pérdida se puede entender como una carencia, un estado de unidad con el todo que se perdió.

El biólogo Humberto Maturana señala que a diferencia del resto de los animales, los seres humanos hemos asegurado nuestra supervivencia gracias al lenguaje y la transmisión de la cultura. Entonces el niño ya no depende tanto de sus instintos para sobrevivir, sino de su capacidad para adaptarse a su entorno social. Hay un olvido de lo animal para entrar en el mundo social y asegurar de esta forma la supervivencia.

Digamos que con el tiempo, el niño aprende que el mundo no va a satisfacer todas sus necesidades, de que él está separado del mundo y que por ende el mundo le puede frustrar. Esto es una gran herida para el niño, es una auténtica pérdida del paraíso, ya que de apoco va contactando con ideas dolorosas como la enfermedad, la muerte, la escasez, y carencias emocionales que percibe en su entorno como las preocupaciones de los padres, la falta de atención, el dolor, y se despierta en él la necesidad de protegerse de todo esto.

Con el tiempo, el niño desarrolla un modo de actuar que él siente que le ayuda a “ganarse a los demás”. Es como si él se dijese a sí mismo: “si soy de esta forma me van a querer, y si me quieren me van a proteger”. Es lo que Winnicot, un destacado psiquiatra y psicoanalista, denominó el falso self, un yo falso que nos ayuda a adaptarnos a nuestro entorno. Esa forma de ser puede ser, por ejemplo: hacerse el gracioso, ser demasiado atento, o hacer las cosas mal porque así obtiene la atención de los padres. No importa el mecanismo, lo importante es que el niño aprende que siendo de una determinada forma se siente más seguro. Es un mecanismo que pone en acción y que se va cristalizando en el día a día, durante muchos años.

Es así cómo se forma nuestra personalidad. En su origen es un mecanismo que te sirvió para sentirte más seguro frente a tus circunstancias de vida en la infancia, y fue muy importante para darte seguridad cuando estabas indefenso. Con el paso del tiempo fuiste cerrando otros aspectos de tu ser y te has ido encerrando en ese carácter.

En la historia de la humanidad siempre se ha asociado esa separación de la naturaleza como algo doloroso, como una gran pérdida que es inherente a los seres humanos. Las grandes religiones y muchos pensadores como Buda, Lao Tsé, Platón, todos han aportado una visión particular del hombre y del ser, donde se entiende que de alguna forma el hombre tiene un olvido de su ser original, lo cual sería el origen de todo el sufrimiento humano, como lo señala tan explícitamente el mito de la expulsión del paraíso.

¿Cómo afecta la personalidad en el bienestar de las personas?

Volviendo a esta idea de que el niño aprende a sentirse más seguro con ciertos patrones de conducta que luego conformarán su carácter, el psiquiatra Claudio Naranjo menciona:

“Podemos decir que el individuo ya no es libre de aplicar o no los resultados de su nuevo aprendizaje, sino que «ha puesto el automático», acudiendo a una determinada respuesta sin «consultar» la totalidad de su mente o considerando la situación creativamente en el presente. Es esta fijación de respuestas obsoletas y la pérdida de la capacidad de responder creativamente en el presente lo que más caracteriza el funcionamiento psicopatológico.”

No importa si eres una persona que por personalidad tiende hacia el victimismo, la inseguridad o a algo positivo como la alegría. Son patrones de comportamiento que limitan tu comportamiento, tu capacidad de actuar con creatividad, libertad y mayor plenitud.

Por ejemplo, pensemos en una persona alegre. Probablemente esta persona aprendió a sentirse segura mostrando una actitud alegre a los demás, probablemente en su infancia llegó a la conclusión de que siendo alegre los demás le querrían y estaría segura. Y lo fue practicando tantas veces que de forma inconsciente se fue encadenando a esa creencia.

La alegría es algo que todos deseamos porque es placentera, pero una persona que siempre necesita estar alegre, a la larga va a sufrir. En algún momento le tocará vivir algo triste o doloroso, y en ese momento sentirá pánico de contactar con esa pena o ese dolor, ya que si lo hace, inconscientemente cree que su seguridad está en peligro.

Supongamos que a esta persona se le enferma un hijo, entonces no será capaz de acompañar a su hijo ni a su familia en ese sufrimiento, intentando tapar la situación con una alegría que en realidad no corresponde. En ese momento la persona tiene un gran dolor, pero al dolor le suma la ansiedad de no querer contactar con ese dolor. Esto finalmente produce sufrimiento psicológico y mucho estrés. Si la persona pudiese contactar con ese dolor, aun cuando no es algo agradable, psicológicamente podría sentirse más aliviada, sin ansiedad.

En este sentido la personalidad de esta persona no le permite adaptarse a su circunstancia y sentir el dolor que le toca vivir. Sin darse cuenta, sufre por intentar mantenerse alegre y optimista, sin contactar realmente ni consigo ni con los demás. Esto podría desencadenar una sensación de soledad y desgaste muy fuerte, que a la larga podría gatillar una depresión.

¿Es posible liberarse de la personalidad?

Nuestra personalidad está profundamente arraigada en nuestra forma de ser y si bien nunca dejaremos de tenerla, si es posible “liberarse” de ella en el sentido de que no nos domine completamente. Al ir conociendo nuestra personalidad podemos ir regulando mejor su influencia y abrirnos a nuevas actitudes más creativas y mejor adaptadas a nuestro entorno. Es como abrir el espacio a nuestro ser más genuino, un ser espontáneo y libre que siempre es nuevo, fresco.

La personalidad se puede entender como un bloqueo frente a un dolor muy intenso que queda culto en el inconsciente de la persona. Para liberarla es necesario contactar con ese dolor y soportarlo, ya que de este modo el inconsciente se da cuenta de que podemos hacerle frente, y deja de defenderse tanto. Por eso casi siempre se necesita de la ayuda de un profesional que sepa guiar a la persona en ese camino y le ayude a contener ese dolor.

Hay distintos tipos de personalidad y hay personas que sufren más que otras. Incluso se habla de “trastornos de la personalidad” en casos en que la personalidad de una persona se vuelve tan rígida, que no le permite desarrollarse de forma autónoma. Son personas que necesitan un tratamiento psiquiátrico o psicológico profundo para poder adaptarse a su entorno social.

Trabajar nuestra personalidad no solo sirve para resolver trastornos mentales graves, cada vez más personas recurren a terapias para conocerse mejor, ya que la personalidad bloquea muchas de nuestras respuestas espontáneas a través de las cuales podemos ser más creativos y felices en nuestro día a día.

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